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Cuando aparece la fiebre
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Cuando aparece la fiebre

Una de las consultas pediátricas más habituales es la aparición de la fiebre en el niño. Ante esta situación, es importante constatar la temperatura con la ayuda del termómetro, ya que además nos servirá como control del tratamiento. En la práctica se puede adoptar la siguiente regla de normalidad: hasta 37°C es normal en axila e ingle, hasta 37,2°C en la boca; hasta 37,5°C en el recto. Sin embargo, hay que reconocer que el rango entre 37,5 y 38°C debe considerarse como una zona de fiebre dudosa y en la práctica, debe considerarse febril al niño que tiene 38°C o más de temperatura rectal u oral.

En un primer examen físico de rutina, es más que probable que el médico descubra la causa de la fiebre: faringoamigdalitis (infección de garganta), otitis (infección de oídos), bronquitis (infección de bronquios), neumopatía (infección pulmonar), gastroenterocolitis (infección del aparato digestivo), sarampión, varicela, etc.
Otras veces, los signos físicos permiten intuir el diagnóstico, el cual se confirma con exámenes de laboratorio. Finalmente hay casos en los que el examen físico no aporta datos aclaratorios. Un error frecuente es aceptar causas de producción de la fiebre que no tienen base científica. Por citar un caso concreto, y en relación con el estreñimiento, es importante aclarar que éste no ocasiona fiebre, sino por el contrario: el niño febril tiene constipación. Por lo tanto un laxante no soluciona nada. Asimismo, la dentición por sí misma no produce fiebre.

En cualquier caso, no se debe automedicar al niño con antibióticos sin tener un diagnóstico certero, ya que en primer lugar la mayoría de los procesos febriles en los niños corresponden a enfermedades víricas que son de por sí autolimitadas; por ejemplo, la infinidad de infecciones respiratorias superiores víricas y las enfermedades eruptivas, que en los primeros días pueden no dar signos característicos.

Se debe descartar lo antes posible, la afectación de los órganos de mayor riesgo vital, como son: meninges (meningitis), sobre todo si el niño o lactante presenta vómitos de intensidad notable, irritabilidad, llanto al moverlo, pequeños movimientos convulsivos en las extremidades o en la cara, o quejido persistente. El otro órgano vital, que sin tratamiento pondría en peligro la vida en algunos pacientes, es el pulmón. Sobre todo en los recién nacidos, en los lactantes y en los desnutridos, se debe sospechar una bronconeumonía (infección pleuropulmonar), que frecuentemente en estas situaciones, no dan muchos síntomas y signos que nos orienten. Se impone entonces una radiografía de tórax.

Se menciona también la localización en oídos como causa de fiebre; a veces no es fácil hallar dicha infección. Además no conviene dejar a un niño con otitis sin tratamiento médico, ya que puede acarrearle graves problemas a su función auditiva o hasta una meningitis. En la garganta, se puede localizar la infección con mayor frecuencia. Se debe valorar correctamente la indicación de antibióticos, pero no tanto por la farinoamigdalitis en si misma (que muchas veces evoluciona hacia la curación espontánea), sino por la potencialidad que tienen las infecciones estreptocóccicas de complicar órganos vitales como el riñón, el corazón o generar abscesos vecinos. El corazón raras veces es asiento de fiebre de origen oscuro. Pero por supuesto, también debe tenerse en cuenta.

Algunos consejos

Cuando un niño febril es obligado a comer o tomar el biberón, es frecuente que vomite copiosamente varias horas después. Esto se soluciona aligerando la comida, que sea de digestión fácil, diluir la leche o aún suprimir la alimentación corriente por unas horas y dar en su lugar líquido o suero.
Cuando se aprecia en el paciente una elevación de la temperatura corporal, debe ser desvestido e incluso aireado moderadamente para favorecer la pérdida de calor corporal. En el caso de insolación no deben administrarse fármarcos antitérmicos, sino usar medidas físicas prudentemente, ya que si se llega a producir escalofríos, el organismo nuevamente elevará la temperatura. En el caso de varicela, se recomienda no administrar ácido acetil salicílico.