| Será
esquizofrénic@? La
esquizofrenia es una de las enfermedades mentales más
serias que existen y que ocasionan una gran perturbación
en las relaciones sociales, familiares y labores de las
personas que la sufren. Suele iniciarse generalmente en
la adolescencia, tiene tendencia a hacerse crónica
y, hoy en día, no existe un tratamiento curativo,
si bien con las actuales líneas de trabajo sí
es posible alcanzar una remisión efectiva de los
síntomas. Estamos pues ante una enfermedad crónica
e inhabilitante, que requiere una atención constante.
No obstante es tratable con psicofármacos, psicoterapia,
rehabilitación social y laboral, y psicoeducación
al paciente y su familia. Es importante combatir falsas
crencias y concienciarse de que sí es posible modificar
el curso negativo de la enfermedad si ésta es afrontada
de forma activa y coordinada por parte del paciente, su
familia y el equipo médico responsable.
La esquizofrenia presenta síntomas psicóticos
que se caracterizan normalmente por la dificultad de distinguir
fantasía de realidad, la presencia de alteraciones
en la percepción (alucinaciones), el pensamiento
(delirio), el afecto, la comunicación y el comportamiento
social. El comienzo de la enfermedad puede ser agudo, es
decir, puede comenzar de un momento para otro con una crisis
delirante, un estado maníaco, o un cuadro depresivo
con contenidos psicóticos. También puede surgir
de manera insidiosa o progresiva. Según algunos estudios,
la edad de inicio es en los varones se sitúa entre
los 15 y los 25 años, y en las mujeres entre los
25 y los 35. No obstante puede aparecer antes o después,
aunque es poco frecuente que surja antes de los 10 años
o después de los 50 años.
La esquizofrenia es una enfermedad polimorfa, o lo que es
lo mismo, tiene distintas maneras de manifestarse. En general,
el curso de la enfermedad se caracteriza por fases de exacerbación
y fases de remisión de los síntomas; aunque
algunos pacientes presentan un curso estable. A medida que
pasa el tiempo, los síntomas negativos (como por
ejemplo la pobreza en el habla, el comportamiento gravemente
desorganizado, etc.) se acentúan más, mientras
que los positivos van remitiendo.
Causas y pronóstico
No hay consenso sobre las causas que motivan la aparición
de un cuadro esquizofrénico. Existen varias líneas
de trabajo que ofrecen diferentes aproximaciones a la cuestión,
y que apuntan, entre otras posibles causas, a la herencia
genética, las infecciones virales prenatales, las
anormalidades o disfunciones en la estructura o la actividad
del cerebro, y la existencia de factores psicológicos
determinantes.
En cualquier caso, lo que sí parece claro es que
las posibilidades de conseguir mejores diagnóstico
y tratamiento de la enfermedad aumentan si los factores
que la precipitan son objetivables y claramente identificables;
si la esquizofrenia tiene un inicio tardío y repentino;
si el paciente presenta una buena adaptación social
y laboral; y si se da un entorno familiar cooperante. Sin
embargo, signos como un inicio temprano o progresivo de
la enfermedad, antecedentes clínicos en la familia,
factores desencadenantes subjetivos, dificultades de integración
socio-laboral, escasos elementos de apoyo social, conducta
autista o consumo de alcohol y/o drogas, dificultan el tratamiento
de la esquizofrenia.
Ante la sospecha de que el paciente pueda presentar un cuadro
esquizofrénico, el médico examinará
su estado mental, físico y neurológico. Así,
una simple entrevista personal puede bastar para evaluar
el grado de psicopatología existente, que puede manifestarse
en diferentes signos como el nulo interés por la
atención médica, la distracción, el
escaso cuidado del aspecto y la higiene personales, la conducta
suspicaz, incongruente o incoherente, o la aparición
en el discurso de ideas o pensamientos delirantes, y/o de
alucinaciones. Generalmente, el paciente posee una pobre
capacidad crítica ante la realidad y no es consciente
de sufrir enfermedad alguna o, en todo caso, considera que
es un problema físico. El examen físico suele
ser poco relevante en estos casos. Generalmente se aprecian
alteraciones secundarias o hiperactividad manifiesta en
forma de taquicardia o hipertensión arterial.
Sin embargo, en el examen neurológico el especialista
puede no encontrar alteraciones graves pero sí signos
neurológicos suaves que pueden determinarse ante
la existencia de dificultades para verbalizar trabalenguas,
oponer los dedos o realizar movimientos repetitivos; la
confusión entre derecha e izquierda; o la presencia
de movimientos musculares anómalos en estado de reposo.
Los especialistas suelen distinguir entre síntomas
negativos y positivos. Por síntomas negativos se
entienden aquellos que se originan en una ausencia de elementos
normales en el funcionamiento cerebral y se incluyen los
siguientes: aplanamiento afectivo, alogia (pobreza en el
lenguaje y en el contenido del pensamiento), apatía
(falta de energía para hacer cosas), anhedonia (falta
de capacidad para sentir placer por algo o alguien), asociabilidad
(ausencia de relaciones interpersonales) o dificultad en
la atención (distraibilidad). Los síntomas
positivos surgen de un mal funcionamiento del cerebro que
conduce a la aparición de elementos extraños
(que no se presentan normalmente) en el pensamiento y son:
alucinaciones, ideas delirantes, comportamiento bizarro
y trastorno formal del pensamiento.
La importancia de la familia
No existe una teoría comprobada que sustente el supuesto
de que la familia pueda contribuir a la aparición
de cuadros esquizofrénicos, pero, sin embargo, sí
existe un gran consenso sobre la importancia de contar con
un entorno familiar cooperante para abordar la enfermedad.
Al comienzo, la familia responde a la esquizofrenia con
angustia y miedo, porque se presentan cambios emocionales
y de conducta en el enfermo y temen a lo desconocido. Algunas
familias experimentan sentimientos de culpabilidad colectiva,
convencidos de su responsabilidad en la enfermedad. La estigmatización
social de las enfermedades mentales contribuye aún
más si cabe a generar mayores sentimientos de frustración
e ira.
Por esta razón, los tratamientos incluyen la psicoeducación
del paciente y también de su familia. Ésta
consiste en la educación sobre la enfermedad, dotando
al entorno familiar de recursos para una mejor solución
del problema, mejorando la comunicación, y expandiendo
las redes sociales. Estas reuniones tienen la misma modalidad
que la terapia de grupo. Por ejemplo, es muy común
que se los invite a reuniones multifamiliares, a las que
concurren los familiares de otros pacientes con esquizofrenia.
Tratamiento
Es necesario que la familia tome conciencia de que la esquizofrenia
puede ser controlada. Para ello, en el tratamiento suele
combinarse la farmacoterapia, la psicoterapia grupal y familiar
y la participación de grupos de apoyo. Los medicamentos,
principalmente los antipsicóticos, son muy efectivos
en el tratamiento de la esquizofrenia. Si un paciente en
estado agudo no responde de manera adecuada al tratamiento
es importante pensar en una enfermedad orgánica.
La medicación permite la supresión sintomática
pero no cura la enfermedad, por eso se le administra una
medicación de mantenimiento. Dejar de tomarla implicaría
una nueva recaída, un nuevo brote y el consecuente
empeoramiento de la enfermedad; de ahí la importancia,
una vez más, de la ayuda y cooperación de
la familia. En ocasiones, es necesario hospitalizar al paciente
para estabilizar la medicación, evitar que se lastime
o que lastime a otros, protegerlo de las ideas suicidas
u homicidas, para proveerle cuidados básicos, alimento,
higiene, reducir el nivel de estrés y ayudarlo a
estructurar sus actividades diarias. La duración
dependerá de la gravedad del padecimiento y de la
disponibilidad de recursos para el tratamiento ambulatorio.
En un primer momento la psicoterapia individual puede estar
contraindicada; no así la terapia grupal o familiar
que suelen ser muy beneficiosa.
La psicoterapia grupal resulta muy eficaz para el entrenamiento
en habilidades sociales. Permiten la rehabilitación
social y laboral del paciente, quien se relaciona con los
demás y aprende a manejarse en la vida cotidiana
luego de contraída la enfermedad (aprenden por ejemplo
a comportarse en la casa, en el trabajo, con amigos o con
la gente en general, cómo conseguir un empleo). Lo
importante es que puedan pasar de un funcionamiento estable
y reducido dentro del hogar a una mayor participación
en las actividades de la comunidad, incluidos el trabajo
y el desarrollo de una red social.
Como ya se apuntaba con anterioridad, la terapia familiar
es de gran ayuda aplicada en forma conjunta a la psicoeducación,
y contribuye a prevenir recaídas. En algunos casos
es necesario aplicar terapias electro-convulsivas, normalmente
cuando se presentan cuadros catatónicos o pacientes
que no pueden ingerir medicación antipsicótica.
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