_INICIO44
_Salud Infantil
_Mujer y Salud
_Hombre y Salud
_Mayores y Salud
_Nutrición
_Belleza y Salud
_Mens Sana
_Cirugía/Trasplantes
_Medicina Alternativa
_Noticias
_Especiales
_Legislación Básica
_Publicaciones
_Enlaces de Interés
_Contacte_con_nosotros
986.101.277
aviso legal
Será esquizofrénic@?
Salud mental más debil en las grandes ciudades
Fobia social: si el actor temiese a su público...

Será esquizofrénic@?

La esquizofrenia es una de las enfermedades mentales más serias que existen y que ocasionan una gran perturbación en las relaciones sociales, familiares y labores de las personas que la sufren. Suele iniciarse generalmente en la adolescencia, tiene tendencia a hacerse crónica y, hoy en día, no existe un tratamiento curativo, si bien con las actuales líneas de trabajo sí es posible alcanzar una remisión efectiva de los síntomas. Estamos pues ante una enfermedad crónica e inhabilitante, que requiere una atención constante. No obstante es tratable con psicofármacos, psicoterapia, rehabilitación social y laboral, y psicoeducación al paciente y su familia. Es importante combatir falsas crencias y concienciarse de que sí es posible modificar el curso negativo de la enfermedad si ésta es afrontada de forma activa y coordinada por parte del paciente, su familia y el equipo médico responsable.

La esquizofrenia presenta síntomas psicóticos que se caracterizan normalmente por la dificultad de distinguir fantasía de realidad, la presencia de alteraciones en la percepción (alucinaciones), el pensamiento (delirio), el afecto, la comunicación y el comportamiento social. El comienzo de la enfermedad puede ser agudo, es decir, puede comenzar de un momento para otro con una crisis delirante, un estado maníaco, o un cuadro depresivo con contenidos psicóticos. También puede surgir de manera insidiosa o progresiva. Según algunos estudios, la edad de inicio es en los varones se sitúa entre los 15 y los 25 años, y en las mujeres entre los 25 y los 35. No obstante puede aparecer antes o después, aunque es poco frecuente que surja antes de los 10 años o después de los 50 años.

La esquizofrenia es una enfermedad polimorfa, o lo que es lo mismo, tiene distintas maneras de manifestarse. En general, el curso de la enfermedad se caracteriza por fases de exacerbación y fases de remisión de los síntomas; aunque algunos pacientes presentan un curso estable. A medida que pasa el tiempo, los síntomas negativos (como por ejemplo la pobreza en el habla, el comportamiento gravemente desorganizado, etc.) se acentúan más, mientras que los positivos van remitiendo.

Causas y pronóstico

No hay consenso sobre las causas que motivan la aparición de un cuadro esquizofrénico. Existen varias líneas de trabajo que ofrecen diferentes aproximaciones a la cuestión, y que apuntan, entre otras posibles causas, a la herencia genética, las infecciones virales prenatales, las anormalidades o disfunciones en la estructura o la actividad del cerebro, y la existencia de factores psicológicos determinantes.

En cualquier caso, lo que sí parece claro es que las posibilidades de conseguir mejores diagnóstico y tratamiento de la enfermedad aumentan si los factores que la precipitan son objetivables y claramente identificables; si la esquizofrenia tiene un inicio tardío y repentino; si el paciente presenta una buena adaptación social y laboral; y si se da un entorno familiar cooperante. Sin embargo, signos como un inicio temprano o progresivo de la enfermedad, antecedentes clínicos en la familia, factores desencadenantes subjetivos, dificultades de integración socio-laboral, escasos elementos de apoyo social, conducta autista o consumo de alcohol y/o drogas, dificultan el tratamiento de la esquizofrenia.

Ante la sospecha de que el paciente pueda presentar un cuadro esquizofrénico, el médico examinará su estado mental, físico y neurológico. Así, una simple entrevista personal puede bastar para evaluar el grado de psicopatología existente, que puede manifestarse en diferentes signos como el nulo interés por la atención médica, la distracción, el escaso cuidado del aspecto y la higiene personales, la conducta suspicaz, incongruente o incoherente, o la aparición en el discurso de ideas o pensamientos delirantes, y/o de alucinaciones. Generalmente, el paciente posee una pobre capacidad crítica ante la realidad y no es consciente de sufrir enfermedad alguna o, en todo caso, considera que es un problema físico. El examen físico suele ser poco relevante en estos casos. Generalmente se aprecian alteraciones secundarias o hiperactividad manifiesta en forma de taquicardia o hipertensión arterial.

Sin embargo, en el examen neurológico el especialista puede no encontrar alteraciones graves pero sí signos neurológicos suaves que pueden determinarse ante la existencia de dificultades para verbalizar trabalenguas, oponer los dedos o realizar movimientos repetitivos; la confusión entre derecha e izquierda; o la presencia de movimientos musculares anómalos en estado de reposo.

Los especialistas suelen distinguir entre síntomas negativos y positivos. Por síntomas negativos se entienden aquellos que se originan en una ausencia de elementos normales en el funcionamiento cerebral y se incluyen los siguientes: aplanamiento afectivo, alogia (pobreza en el lenguaje y en el contenido del pensamiento), apatía (falta de energía para hacer cosas), anhedonia (falta de capacidad para sentir placer por algo o alguien), asociabilidad (ausencia de relaciones interpersonales) o dificultad en la atención (distraibilidad). Los síntomas positivos surgen de un mal funcionamiento del cerebro que conduce a la aparición de elementos extraños (que no se presentan normalmente) en el pensamiento y son: alucinaciones, ideas delirantes, comportamiento bizarro y trastorno formal del pensamiento.

La importancia de la familia

No existe una teoría comprobada que sustente el supuesto de que la familia pueda contribuir a la aparición de cuadros esquizofrénicos, pero, sin embargo, sí existe un gran consenso sobre la importancia de contar con un entorno familiar cooperante para abordar la enfermedad. Al comienzo, la familia responde a la esquizofrenia con angustia y miedo, porque se presentan cambios emocionales y de conducta en el enfermo y temen a lo desconocido. Algunas familias experimentan sentimientos de culpabilidad colectiva, convencidos de su responsabilidad en la enfermedad. La estigmatización social de las enfermedades mentales contribuye aún más si cabe a generar mayores sentimientos de frustración e ira.

Por esta razón, los tratamientos incluyen la psicoeducación del paciente y también de su familia. Ésta consiste en la educación sobre la enfermedad, dotando al entorno familiar de recursos para una mejor solución del problema, mejorando la comunicación, y expandiendo las redes sociales. Estas reuniones tienen la misma modalidad que la terapia de grupo. Por ejemplo, es muy común que se los invite a reuniones multifamiliares, a las que concurren los familiares de otros pacientes con esquizofrenia.

Tratamiento

Es necesario que la familia tome conciencia de que la esquizofrenia puede ser controlada. Para ello, en el tratamiento suele combinarse la farmacoterapia, la psicoterapia grupal y familiar y la participación de grupos de apoyo. Los medicamentos, principalmente los antipsicóticos, son muy efectivos en el tratamiento de la esquizofrenia. Si un paciente en estado agudo no responde de manera adecuada al tratamiento es importante pensar en una enfermedad orgánica. La medicación permite la supresión sintomática pero no cura la enfermedad, por eso se le administra una medicación de mantenimiento. Dejar de tomarla implicaría una nueva recaída, un nuevo brote y el consecuente empeoramiento de la enfermedad; de ahí la importancia, una vez más, de la ayuda y cooperación de la familia. En ocasiones, es necesario hospitalizar al paciente para estabilizar la medicación, evitar que se lastime o que lastime a otros, protegerlo de las ideas suicidas u homicidas, para proveerle cuidados básicos, alimento, higiene, reducir el nivel de estrés y ayudarlo a estructurar sus actividades diarias. La duración dependerá de la gravedad del padecimiento y de la disponibilidad de recursos para el tratamiento ambulatorio.

En un primer momento la psicoterapia individual puede estar contraindicada; no así la terapia grupal o familiar que suelen ser muy beneficiosa.

La psicoterapia grupal resulta muy eficaz para el entrenamiento en habilidades sociales. Permiten la rehabilitación social y laboral del paciente, quien se relaciona con los demás y aprende a manejarse en la vida cotidiana luego de contraída la enfermedad (aprenden por ejemplo a comportarse en la casa, en el trabajo, con amigos o con la gente en general, cómo conseguir un empleo). Lo importante es que puedan pasar de un funcionamiento estable y reducido dentro del hogar a una mayor participación en las actividades de la comunidad, incluidos el trabajo y el desarrollo de una red social.

Como ya se apuntaba con anterioridad, la terapia familiar es de gran ayuda aplicada en forma conjunta a la psicoeducación, y contribuye a prevenir recaídas. En algunos casos es necesario aplicar terapias electro-convulsivas, normalmente cuando se presentan cuadros catatónicos o pacientes que no pueden ingerir medicación antipsicótica.