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Champú: ¿vale cualquiera?
La
función básica del champú es la de
remover la grasa excesiva y las células muertas,
como también los residuos de contaminación
y de los cosméticos aplicados sobre el cabello. Para
cumplir estos objetivos, las empresas especializadas en
estos productos desarrollan sus propias mezclas de sustancias.
Sin embargo, existen ingredientes básicos, presentes
en la mayoría de las marcas:
Tensoactivos: son responsables
de la acción detergente. Los más comunes son
el lauril sulfato de sodio, lauril éter sulfato de
sodio y el lauril éter sulfosuccinato de sodio (éste,
más suave, y muy utilizado en las líneas infantiles).
Sobre engrasantes: reponen
parte de la grasa retirada por el detergente, evitando el
resecamiento provocado por el tensoactivo. El más
utilizado es la dietanolamina de ácido graso de coco,
que, como su propio nombre indica es una grasa extraída
del coco. Otros ejemplos son la lanolina (extraída
del pelo del carnero) y la lecitina (derivada de la soja).
Espesantes: dejan el producto
más espeso y facilitan la aplicación. El más
utilizado es el clorato de sodio. A pesar del mito de que
daña el pelo, la sal existe naturalmente en el propio
cabello y en la piel, y dado que las concentraciones utilizadas
en la mayoría de los champúes son bajas, no
provocan perjuicio alguno. De todos modos, la cosmética
moderna deja de lado los recursos tecnológicos para
sustituir la sal por espesantes más suaves, eficientes
y que formen una película protectora a las hebras.
Ácidos: como los detergentes
son levemente alcalinos y el cabello y la piel tienen un
PH ligeramente ácido, se suele adicionar ácidos
–como el cítrico, extraído de distintas
frutas– para balancear la formulación.
Conservantes: su objetivo es
no dejar que los hongos y bacterias contaminen el contenido
de los productos. El más empleado es el metilparabeno.
Atención si la etiqueta delata la presencia de formol
o formaldeidos, que están en desuso por considerarlos
tóxicos.
Nacarantes: detergentes adicionados
de ceras, dan un efecto nacarado al champú para cabellos
secos y normales.
Esencias y aceites esenciales: sintetizados o extraídos
de la propia planta, tienen una misión cosmética
o perfumadora. Buenos ejemplos son la lavanda y la menta.
Ingredientes activos: hay más de 1000 activos usados
para enriquecer la mezcla. Es el caso de las vitaminas,
como la A y la E, que nutren las hebras y las proteínas,
o como la queratina y el colágeno, que reparan las
estructuras dañadas. Otros son el Aloe Vera, que
tiene acción calmante y humectante (retiene el agua,
"humectando las hebras") y la manzanilla, que
suaviza y clarea por naturaleza. En cambio las algas, hamamelis
y canfor regulan la grasa, mientras que la silicona deja
el pelo más brillante y fácil de moldear.
Una vez analizados los ingredientes contenidos en la mayoría
de champúes, ¿cómo elegir entonces
aquel que mejor se adecua a nuestro cabello? La norma es
utilizar productos específicos cuando el tipo de
cabello está perfectamente definido: graso, seco
o normal. Si, por el contrario, el cabello es de tipo mixto,
lo recomendable es utilizar un champú para cabellos
grasos en la raíz y otro para cabellos normales,
teñidos o secos en las puntas. Ante la duda, optar
mejor por un champú para cabellos normales.
Por último, y a la hora del lavado, conviene recordar
que no es necesaria una gran cantidad de champú para
lavar correctamente el cabello. Con una pequeña cantidad
sobre la palma de la mano, del tamaño de una nuez,
será suficiente. Es aconsejable aplicarla con un
ligero masaje sobre el cuero cabelludo y el pelo, dejándolo
actuar durante un minuto para enjuagarlo luego abundantemente.
Con que se repita la operación una vez más,
es suficiente. En todo caso, conviene que la temperatura
del agua no sea muy elevada ya que puede debilitar y restar
brillo al cabello.
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