_INICIO44
_Salud Infantil
_Mujer y Salud
_Hombre y Salud
_Mayores y Salud
_Nutrición
_Belleza y Salud
_Mens Sana
_Cirugía/Trasplantes
_Medicina Alternativa
_Noticias
_Especiales
_Legislación Básica
_Publicaciones
_Enlaces de Interés
_Contacte_con_nosotros
986.101.277
aviso legal
Una piel de cine
Los riesgos del verano
Champú: ¿vale cualquiera?
Uñas sanas y bien cuidadas

Champú: ¿vale cualquiera?

La función básica del champú es la de remover la grasa excesiva y las células muertas, como también los residuos de contaminación y de los cosméticos aplicados sobre el cabello. Para cumplir estos objetivos, las empresas especializadas en estos productos desarrollan sus propias mezclas de sustancias. Sin embargo, existen ingredientes básicos, presentes en la mayoría de las marcas:

Tensoactivos: son responsables de la acción detergente. Los más comunes son el lauril sulfato de sodio, lauril éter sulfato de sodio y el lauril éter sulfosuccinato de sodio (éste, más suave, y muy utilizado en las líneas infantiles).

Sobre engrasantes: reponen parte de la grasa retirada por el detergente, evitando el resecamiento provocado por el tensoactivo. El más utilizado es la dietanolamina de ácido graso de coco, que, como su propio nombre indica es una grasa extraída del coco. Otros ejemplos son la lanolina (extraída del pelo del carnero) y la lecitina (derivada de la soja).

Espesantes: dejan el producto más espeso y facilitan la aplicación. El más utilizado es el clorato de sodio. A pesar del mito de que daña el pelo, la sal existe naturalmente en el propio cabello y en la piel, y dado que las concentraciones utilizadas en la mayoría de los champúes son bajas, no provocan perjuicio alguno. De todos modos, la cosmética moderna deja de lado los recursos tecnológicos para sustituir la sal por espesantes más suaves, eficientes y que formen una película protectora a las hebras.

Ácidos: como los detergentes son levemente alcalinos y el cabello y la piel tienen un PH ligeramente ácido, se suele adicionar ácidos –como el cítrico, extraído de distintas frutas– para balancear la formulación.

Conservantes: su objetivo es no dejar que los hongos y bacterias contaminen el contenido de los productos. El más empleado es el metilparabeno. Atención si la etiqueta delata la presencia de formol o formaldeidos, que están en desuso por considerarlos tóxicos.

Nacarantes: detergentes adicionados de ceras, dan un efecto nacarado al champú para cabellos secos y normales.

Esencias y aceites esenciales:
sintetizados o extraídos de la propia planta, tienen una misión cosmética o perfumadora. Buenos ejemplos son la lavanda y la menta.

Ingredientes activos: hay más de 1000 activos usados para enriquecer la mezcla. Es el caso de las vitaminas, como la A y la E, que nutren las hebras y las proteínas, o como la queratina y el colágeno, que reparan las estructuras dañadas. Otros son el Aloe Vera, que tiene acción calmante y humectante (retiene el agua, "humectando las hebras") y la manzanilla, que suaviza y clarea por naturaleza. En cambio las algas, hamamelis y canfor regulan la grasa, mientras que la silicona deja el pelo más brillante y fácil de moldear.

Una vez analizados los ingredientes contenidos en la mayoría de champúes, ¿cómo elegir entonces aquel que mejor se adecua a nuestro cabello? La norma es utilizar productos específicos cuando el tipo de cabello está perfectamente definido: graso, seco o normal. Si, por el contrario, el cabello es de tipo mixto, lo recomendable es utilizar un champú para cabellos grasos en la raíz y otro para cabellos normales, teñidos o secos en las puntas. Ante la duda, optar mejor por un champú para cabellos normales.

Por último, y a la hora del lavado, conviene recordar que no es necesaria una gran cantidad de champú para lavar correctamente el cabello. Con una pequeña cantidad sobre la palma de la mano, del tamaño de una nuez, será suficiente. Es aconsejable aplicarla con un ligero masaje sobre el cuero cabelludo y el pelo, dejándolo actuar durante un minuto para enjuagarlo luego abundantemente. Con que se repita la operación una vez más, es suficiente. En todo caso, conviene que la temperatura del agua no sea muy elevada ya que puede debilitar y restar brillo al cabello.