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El SIDA hoy
Insomnio: las terribles noches en vela

El SIDA hoy

La epidemia del SIDA provoca la aparición de casi 600 nuevos casos por hora. En la XIV Conferencia Internacional sobre SIDA celebrada en Barcelona, organizaciones supranacionales, gobiernos y expertos han intentado consensuar nuevas fórmulas para lograr una salida. Las conclusiones caminan en un mismo sentido: el futuro sólo podría encararse con optimismo si se ponen encima de la mesa un mínimo de 10.000 millones de dólares al año (10.200 millones de euros).

El SIDA matará a unos 70 millones de personas en los próximos 20 años si la comunidad internacional no amplía drásticamente sus programas de prevención y su compromiso económico. Tan sólo en 2001, el virus contagió a cinco millones de personas, la gran mayoría en África. Las cifras incluidas en el informe de la agencia de la ONU contra el SIDA (Onusida), confirman que la pandemia sigue progresando.

Los números son devastadores. El sida provocó tres millones de muertes el año pasado (2.2 millones en África) y la infección de otros cinco millones de personas. Desde que se detectara el primer caso en 1981, el virus ha matado a 20 millones y ha dejado 14 millones de huérfanos. En estos momentos, 40 millones de personas son seropositivas, de las que tres millones tienen menos de 15 años. Sólo 730.000 seropositivos (menos de un 2%) tienen acceso a fármacos antirretrovirales, casi todos en países desarrollados. Si la comunidad internacional no se moviliza, los demás están condenados a muerte.

Además, según el informe, “se pensaba que la epidemia alcanzaría un límite natural en los países más afectados y dejaría de crecer, pero no ha sido el caso”. El virus está en su primera etapa de desarrollo y no hay pistas sobre su evolución a largo plazo. “La epidemia tiene el potencial de estallar en los próximos años, y su dinámica debe medirse en términos de décadas”. La comunidad internacional, según la ONU, ha incluido el SIDA entre sus prioridades, pero, a su juicio, “un número inaceptable de gobiernos e instituciones de la sociedad civil siguen sin reconocer la epidemia y no están actuando para evitar que se extienda ni para aliviar sus efectos”.

Una guerra contra la humanidad

Nelson Mandela fue el encargado de clausurar la cumbre celebrada en Barcelona. “El SIDA es una guerra contra la humanidad", afirmó. En su discurso, el ex presidente sudafricano subrayó el drama que supone el SIDA para los millones de niños afectados por la enfermedad y el estigma que todavía afrontan los afectados, fundamentalmente las mujeres. El ex presidente norteamericano Bill Clinton, también insistió en este mismo aspecto: "Todavía hay gente que ve el SIDA como una enfermedad que afecta a gente distinta de ellos. Todavía hay muchos estereotipos y persecución de los afectados y de las personas que los atienden".

Diversos trabajos presentados en la Conferencia han aportado numerosas evidencias que apoyan las denuncias realizadas por Clinton y Mandela, desde la situación que afrontan los huérfanos por el SIDA a la situación de las mujeres o de los trabajadores sociales en la India y en otros países.

Pero también ha habido buenas noticias. Por primera vez, numerosos estudios demuestran que los programas de distribución de tratamientos antirretrovirales funcionan en las áreas más castigadas por la epidemia, desde Asia al África subsahariana. Uganda es el modelo. Joep Lange, recién nombrado presidente de la Sociedad Internacional de SIDA, ha utilizado un ejemplo muy gráfico para explicar la necesidad de recursos: "Si podemos hacer que haya Coca Cola o cerveza en la esquina más remota de África, podemos llevar los fármacos".

El principal escollo

“No hemos venido aquí a renegociar promesas, estamos aquí para hacerlas cumplir”. Así de claro se mostraba el director de la Agencia de las Naciones Unidas contra el Sida, Peter Piot, antes de iniciarse la cumbre. El principal caballo de batalla en la Conferencia del Sida de Barcelona era conseguir que la promesa de los países ricos de aportar este año 10.000 millones de dólares (10.200 millones de euros) para un fondo global contra la enfermedad no quedara en saco roto. Hasta ese momento, los países desarrollados sólo habían comprometido, que no aportado, el 27% de esta cantidad.

Sin embargo, la cumbre se cerró sin demasiados avances en este sentido. Los repetidos llamamientos para que los gobiernos sufraguen el fondo global los tratamientos y medidas preventivas para evitar la pandemia sonaron con fuerza en la conferencia. También las críticas, que fueron especialmente duras hacia EEUU. Pero los líderes del mundo escucharon el mensaje desde sus despachos. Los jefes de Estado del G-8 no aparecieron en la conferencia, que se cerró sin ningún compromiso financiero. Ahora habrá que esperar cuál es la reacción de los estados más poderosos de la Tierra, una respuesta que ya no se puede demorar por más tiempo. Porque, como dijo Shawn Mellors, representante de los enfermos en la cumbre, durante los cinco días en los que se celebró la misma se perdieron 48.000 vidas más.

Avances científicos

Desde el punto de vista estrictamente científico, la cumbre sirvió también para presentar varias líneas de trabajo. Así, se avanzó la puesta en marcha de un gran estudio con 16.000 personas, alrededor de 36 millones de dólares de presupuesto y unos cinco años de duración, con el que se pretende evaluar en Tailandia un tratamiento con dos vacunas para prevenir la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). El Gobierno de EEUU y de Tailandia financian el proyecto.
El protocolo del ensayo, que está previsto que comience a finales de este año, una vez que obtenga los permisos que quedan pendientes, consiste en un tratamiento de dos tiempos. Primero, se administra una vacuna desarrollada por Aventis Pasteur bautizada como ALVAC-HIV. El efecto de la terapia se potencia después con la única inmunización que se encuentra en la última etapa de desarrollo (fase III), AIDSVAX. La pequeña compañía de biotecnología que la desarrolla, VaxGen (con sede en San Francisco, EEUU), presentó en la conferencia de Barcelona los últimos datos disponibles sobre el fármaco. Los primeros resultados de los dos estudios que evaluán las dos versiones que existen de AIDVAX –con casi 8.000 voluntarios de EEUU, Canadá, Puerto Rico, Holanda y Tailandia– se conocerán durante el primer cuatrimestre de 2003.

Asimismo, mientras el jefe del Programa de Enfermedades Infecciosas del Fred Hutchinson Cancer Research Center de Seattle, Lawrence Corey, abogaba por la universalidad de la vacuna preventiva contra el VIH y por la financiación pública para la investigación, el Ministerio de Sanidad español anunciaba la próxima comercialización de un nuevo fármaco antirretroviral que se administra mediante un comprimido una vez al día y cuyo tratamiento reviste más garantías de cumplimiento al reducirse los efectos secundarios sobre el paciente. El jefe de sección de enfermedades infecciosas del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona (Barcelona), Bonaventura Clotet, ha afirmado esta mañana que este fármaco, que se comercializará con el nombre de Viread, tiene una casi nula toxicidad y al ser administrado en una dosis diaria mejora la calidad de vida del enfermo. En este sentido, la media de fármacos que un enfermo debe tomar para controlar la infección de SIDA es de cinco cada 12 horas, ya que la totalidad de los 15 fármacos antirretrovirales que se utilizan ahora para tratar la enfermedad deben aplicarse en combinación con otros dos fármacos más en la mayoría de los casos.

Ante la urgente necesidad de impulsar la cooperación mundial, la Iniciativa Internacional para la Vacuna contra el SIDA (IAVI) anunció la creación de un consorcio con los principales laboratorios y con el Gobierno de EE UU para acelerar el desarrollo de vacunas que promuevan la creación de anticuerpos contra el VIH. Esta estrategia es compleja y relativamente inexplorada, pero se considera vital para una prevención eficaz, algo que no parece que vaya a conseguir la vacuna de VaxGen, la primera que está apunto de finalizar los ensayos, a principios de 2003.

La IAVI está financiada por los gobiernos de Canadá, Holanda, el Reino Unido y EE UU, entre otros, y por fundaciones como la Bill y Melinda Gates. Actualmente patrocina más de media docena de vacunas experimentales contra la pandemia. El consorcio para acelerar el desarrollo de vacunas es un proyecto a cinco años vista. “Tendremos éxito.
El reto ahora es trabajar juntos para acelerar el proceso”, afirmó muy seguro Seth Berkley, presidente de la IAVI. En estos momentos hay varias docenas de vacunas en experimentación. La mayoría de ellas tratan de estimular las defensas celulares (linfocitos) del organismo, precisamente las células atacadas por el VIH. El otro gran mecanismo defensivo, la producción de anticuerpos, que es la base de vacunas como la de la polio y la hepatitis B, no es bien comprendido y no puede ser utilizado en el caso del VIH. Muchos científicos creen, sin embargo, que hay que combinarlos para tener éxito frente a un virus tan escurridizo como el del SIDA.

En este sentido, el codescubridor del virus, Robert Gallo, aseguró que una vacuna preventiva a corto plazo no es viable. Gallo afirmó que "un científico serio no puede garantizar que esto sea factible, sería estúpido y mentiroso".
El prestigioso científico restó importancia a la vacuna preventiva que se está desarrollando en Tailandia y aseguró que no le impresionan "vacunas preventivas que sólo atacan al envoltorio del virus, porque sólo neutralizan algunas cepas". Además, aseguró que él mismo experimentó en 1994 con sustancias parecidas a las empleadas en la investigación que se lleva a cabo en Tailandia sin "resultados positivos". Sin embargo, el experto –que actualmente experimenta con una vacuna– aseguró que por primera vez "se va a poder luchar contra las cepas" y avanzó que podrá disponer de los resultados de la primera fase del ensayo clínico dentro de tres años.
Parece pues, que a la vista de las diferentes aportaciones, todavía queda para poder combatir con garantías la pandemia más extendida de nuestra historia más reciente. En cualquier caso, lo que sí parece claro es que sin un compromiso político decidido que posibilite los recursos necesarios, las posibles soluciones se antojan muy complicadas.