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Cuidado con el mioma uterino

Entre el 20 y el 30% de todas las mujeres de más de 30 años tienen miomas uterinos. Pero, ¿qué son? Un mioma uterino es un tumor benigno (no cancerígeno) compuesto de músculo liso y tejido conjuntivo. Pueden ser del tamaño de una cabeza de alfiler o mayores que un melón; se han descrito miomas con un peso superior al kilo. Los miomas generalmente crecen en las paredes gruesas del útero, en una de sus tres capas: el endometrio (la más interna), el miometrio (la capa media y la más gruesa) y la serosa (el recubrimiento delgado, de tejido fibroso que se une con las estructuras adyacentes, como los ligamentos, que están unidas al útero). Los miomas se clasifican en distintas categorías según su localización: los intramurales crecen en el interior de la pared uterina; los subserosos crecen hacia fuera sobresaliendo de la superficie del útero desde de la pared, hacia la cavidad abdominal; los submucosos crecen desde la pared hacia la cavidad uterina (se alojan debajo del endometrio). Por lo general crecen en períodos intermitentes. Los miomas subserosos y submucosos pueden ser pedunculados (con forma de seta) o sesiles (planos). Casi todos los miomas son subserosos o intramurales, y sólo el 5% son submucosos.
Aunque se desconoce la causa del desarrollo inicial de los miomas, seguramente los estrógenos están implicados en su crecimiento, y algunas investigaciones indican que la progesterona, la otra hormona femenina importante, igualmente producida en el ovario, también contribuye a su desarrollo. Las anomalías en unas sustancias llamadas factores de crecimiento pueden contribuir a la formación de miomas. Algunos investigadores están estudiando factores genéticos que pueden ser responsables de algunas de las anormalidades que desembocan en el crecimiento anormal del músculo uterino.

Síntomas

La mayoría de los miomas causan escasos síntomas. Cuando existen, el más habitual es una hemorragia prolongada e intensa durante la menstruación que, en casos graves, puede durar hasta dos semanas. Los miomas también pueden producir dolor abdominal o en la parte baja de la espalda, que a veces se interpreta como calambres menstruales. A medida que los miomas crecen, las mujeres pueden notarlos como una masa firme en la parte baja del abdomen. Los miomas muy grandes pueden dar al abdomen la apariencia de embarazo y causar una sensación de pesadez y presión. De hecho, los grandes miomas se describen comparando el tamaño del útero con el tamaño que éste tendría en meses específicos de la gestación. Los miomas exageradamente grandes o de localización muy concreta pueden ejercer presión contra la vejiga y el aparato urinario y causar micción frecuente o urgencia urinaria.

Tratamiento

Una vez diagnosticado el mioma, conviene esperar y observar ya que los miomas casi nunca representan un peligro para la vida, las mujeres pueden escoger la actitud expectante, esperar y controlarlos como alternativa a la cirugía, particularmente si se acercan a la menopausia, incluso si el mioma es grande. Si la mujer junto a su médico elige esta opción, debe asegurarse de realizar exámenes pélvicos regulares y ecografías para controlar el crecimiento del mioma. Para las mujeres que eligen esta opción, los síntomas pueden reducir su tamaño con distintos tratamientos. Los suplementos de hierro ayudan a tratar y prevenir la anemia en mujeres con hemorragias intensas.
Los expertos también recomiendan usar primero fármacos antiinflamatorios no esteroideos en una pauta regular para reducir la hemorragia intensa y el dolor. Estos fármacos reducen la producción de prostaglandinas (y en parte la inflamación o reacciones similares durante la regla) las sustancias químicas que estimulan las contracciones uterinas, causando dolor. No obstante, la utilización excesiva a largo plazo de estos fármacos aumenta el riesgo de úlceras y hemorragia gastrointestinal.
Asimismo, las terapias hormonales están diseñadas para bloquear los estrógenos y la progesterona y reducir así la hemorragia y los miomas. Las mujeres que tomen terapias hormonales deben usar anticonceptivos no hormonales como el diafragma, o preservativos mientras dure el tratamiento, ya que pueden causar defectos congénitos.

Cirugía

Si los procedimientos no quirúrgicos (médicos) no alivian los síntomas, las intervenciones estándar para los miomas uterinos son la histerectomía -extirpación quirúrgica del útero, a menudo acompañada de anexectomía bilateral (extirpación de las trompas y los ovarios)- y la miomectomía. En los últimos años, el uso de técnicas quirúrgicas avanzadas como la laparoscopia y la histeroscopia ha permitido la extirpación total o parcial de los miomas mediante técnicas menos invasivas como la ablación endometrial. La miomectomía es menos radical que la histerectomía e incluso preserva la fertilidad. Existen nuevos procedimientos prometedores llamados embolismo de la arteria uterina y miólisis que utilizan técnicas para interrumpir el aporte sanguíneo a los miomas. Las mujeres deberían dialogar sobre cada opción con su médico. De hecho, los avances en las técnicas quirúrgicas hacen que la cirugía sea el tratamiento inicial de elección en algunas mujeres. Un estudio de dos años informó de que las personas que a las que se les hacía una resección endometrial para controlar el sangrado, estaban más satisfechas que las mujeres que sólo tomaban medicación.